Del patrimonio “confidencial” al “todo lo puedo comprobar”: Octavio Romero abre la cartera… después del jalón de Sheinbaum

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El director del Infonavit acusa una “campaña perversa” por las notas sobre sus terrenos, departamentos, cuentas e ingresos. Su réplica aclara varios puntos, pero deja uno bastante incómodo: la transparencia llegó después de que la Presidenta tuvo que pedirla públicamente.

A Octavio Romero Oropeza le tomó unos días pasar de un patrimonio bajo llave a explicar terrenos, departamentos, hipotecas, ahorros y hasta cuánto gana al mes.

El director general del Infonavit salió este lunes a defenderse de lo que calificó como una “campaña de difamación” y una ofensiva “perversa” de medios de comunicación, luego de que se hiciera pública una declaración patrimonial que reporta bienes y recursos por alrededor de 47.5 millones de pesos.

Romero asegura que tiene cómo comprobarlo todo. Y, para ser justos, su réplica sí pone contexto a varios de los datos que alimentaron el escándalo.

Por ejemplo, rechazó que cobre más que Claudia Sheinbaum. Según las cifras que presentó, en 2025 recibió 2 millones 261 mil 994 pesos brutos por su cargo —unos 188 mil 499 pesos mensuales—, mientras que la remuneración presidencial sería ligeramente superior. Parte de la confusión provino de sumar al salario otros ingresos declarados, como rentas, intereses, dividendos y otros conceptos.

También salió al paso del aparatoso inventario territorial. Explicó que uno de sus predios en Tabasco fue adquirido en 1984 y otros en 1992, décadas antes de sus actuales responsabilidades públicas. Su argumento es sencillo: presentar hoy la extensión de esos terrenos sin decir cuándo los compró hace parecer reciente una riqueza que, sostiene, se acumuló durante 44 años de trabajo.

Y sobre los dos departamentos de aproximadamente 3.3 millones de pesos cada uno adquiridos en 2018, Romero sostuvo que hubo créditos hipotecarios, que uno ya fue liquidado y que sobre el otro todavía existía un saldo de alrededor de 2.4 millones de pesos al cierre de 2025. También aseguró que su casa fue adquirida mediante financiamiento bancario.

Hasta ahí, la réplica.

El problema es que la polémica nunca fue únicamente cuánto tiene Octavio Romero.

Fue también por qué no podíamos verlo.

Días antes, se conoció que la información patrimonial del director del organismo estaba clasificada como confidencial. El Comité de Transparencia del Infonavit había respaldado mantener fuera del escrutinio público datos sobre propiedades, ingresos, cuentas y otros bienes. La explicación oficial apunta a las reglas particulares del instituto; Romero sostiene además que, por la naturaleza jurídica del Infonavit, sus declaraciones no funcionan bajo el mismo esquema de Declaranet que otras dependencias.

Pero tuvo que intervenir Claudia Sheinbaum.

La Presidenta dijo públicamente que no estaba de acuerdo con esa norma, sostuvo que todos los servidores públicos deben transparentar su patrimonio y pidió a Romero cambiar el criterio y publicar su declaración. Horas después, apareció la información.

Y ahí está el punto que ninguna hipoteca termina de pagar.

Romero puede tener razón en que un terreno comprado hace 42 años no prueba corrupción. Puede demostrar que sus departamentos fueron financiados y puede corregir una comparación defectuosa de salarios. Tener patrimonio no es, por sí mismo, una irregularidad.

Pero para el responsable de una institución dedicada precisamente al patrimonio de millones de trabajadores, resulta políticamente difícil explicar que el suyo necesitara primero pasar por la categoría de “confidencial” y después por una instrucción presidencial antes de quedar a la vista.

Romero dice: “Tengo manera de comprobarlo todo”.

Perfecto.

Quizá por eso mismo nunca debió hacer falta que desde Palacio Nacional le pidieran mostrarlo.

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