Pepe Chedraui-Alejandro Armenta (Los renglones torcidos del alcalde)

0
ChatGPT Image 18 ago 2026, 15_35_56

Columna de Mario Alberto Mejía

El alcalde Pepe Chedraui se está equivocando.

Envía señales que pretenden restarle peso al gobernador Alejandro Armenta.

Se comporta como quien ya tiene la nominación a la Presidencia Municipal de Puebla en la bolsa.

(Esa brutal falsa ilusión).

Todo esto, operado con la lógica de otro tiempo: el del PRI que repartía candidaturas en los despachos, no en territorio.

Con la lógica de los empresarios que llegaban, negociaban y se sentaban a la mesa como si el poder les debiera algo.

Una mala noticia: no estamos en aquellos tiempos.

Los tiempos que se viven en todo el país son los de la Cuarta Transformación.

Y los ‘duros’ de Morena no olvidan.

No olvidan, por ejemplo, su pasado prianista. No olvidan su condición de empresario.

Y no olvidan que varios de sus asesores cercanos provienen del morenovallismo.

(Esos ‘duros’, por cierto, tienen un peso considerable en el ánimo de Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, conocida como ‘La Dama de Hierro’),

Hay más.

La Auditoría Superior del Estado ya tiene bajo la lupa a su administración.

Hay observaciones que no se solventan de un día para otro.

En los lavaderos políticos, se le acusa de no cumplir acuerdos.

Uno de éstos lo hizo cuando fue nominado en 2024: no buscar la reelección.

Hoy las señales van en sentido contrario.

A un gobernador del estilo de Alejandro Armenta no se le engaña.

Sus asesores morenovallistas le han dado un mal consejo —pésimo—: desafiarlo como lo está haciendo.

El gobernador no ve con buenos ojos que un día sí y otro también haya quien busque desafiarlo desde el Palacio de Charlie Hall.

En la oficina central ubicada en el cuarto piso del CIS, él sólo observa, anota y, llegado el momento, actuará.

La historia reciente de Puebla está llena de alcaldes que creyeron que podían medirse con el gobernador en turno.

Gabriel Hinojosa lo quiso hacer, y no pudo, con Manuel Bartlett.

Enrique Doger se fue abiertamente contra Mario Marín.

Eduardo Rivera lo hizo contra Rafael Moreno Valle.

Claudia Rivera creyó que podía hacerlo con Miguel Barbosa.

Todos tocaron tambores de guerra.

Hay que decirlo: ninguno terminó mejor de como empezó.

(Algunos terminaron metidos en el Museo de la Ignominia).

Pepe Chedraui debería mirarse en ese espejo.

La política, querido hipócrita lector, sigue siendo un arte de equilibrios.

Y cuando se pierde el equilibrio, el piso se mueve inevitablemente.

Breve historia de los conflictos. La relación entre el Ayuntamiento de Puebla y el gobierno del estado ha sido, casi siempre, un campo de tensión.

No es una novedad de la Cuarta Transformación.

Es una constante histórica que se repite cuando el alcalde de la capital intenta marcar distancia, construir capital propio (por la mala) o enviar señales de autonomía (surrealista) frente a un gobernador fuerte.

Veamos.

Gabriel Hinojosa Rivero llegó, vía Acción Nacional, a la alcaldía en el segundo trienio del gobernador Manuel Bartlett Díaz.

Fue el primer alcalde de oposición en la capital después de décadas de dominio priista.

Bartlett no toleró los desplantes de Hinojosa.

Hubo, primero, una controversia constitucional por el control del SOAPAP (el organismo de agua potable), que el gobierno estatal terminó adjudicándose.

Otro caso: en 1997, el alcalde Hinojosa y varios regidores panistas fueron golpeados y gaseados por policías estatales cuando intentaron ingresar a la zona de San Francisco, en medio de las expropiaciones para el proyecto del Paseo.

Bartlett, además, usó la denominada llamada “Ley Bartlett” para asfixiar financieramente a los municipios panistas, empezando por el de Puebla.

Hinojosa terminó el trienio muy mal, pues salió debilitado y desahuciado por su propio partido.

En la siguiente elección, el PRI recuperó la capital mandando al PAN al segundo lugar.

Eduardo Rivera Pérez llegó de la mano de Rafael Moreno Valle Rosas a la alcaldía.

Desde el principio, Moreno Valle trató a Rivera como un subordinado.

Le retiró cientos de policías estatales que reforzaban la seguridad municipal, lo opacó en actos públicos y le reclamó que el Ayuntamiento “no aportaba ni un centavo” a las obras estatales.

Rivera, años después, reconoció que la relación fue difícil y que eligió no confrontar abiertamente para no dañar más a la ciudad.

El resultado: un alcalde humillado permanentemente.

Claudia Rivera Vivanco, de Morena, quiso cogobernar con don Miguel Barbosa Huerta.

Las diferencias nacieron desde la elección de 2018.

Barbosa acusó a Claudia Rivera de no haber operado a su favor (incluso de haber asistido a la toma de protesta de Martha Érika Alonso). Una vez en el gobierno, las tensiones se centraron en el control de la seguridad pública.

El gobernador intentó absorber la policía municipal.

Hubo, además, desencuentros constantes por obras, mercados y estilo de gobierno.

El gobernador Barbosa ejerció presión constante.

Claudia Rivera terminó su gobierno brutalmente confrontada con él y apostó por la reelección.

El resultado fue atroz.

Perdió por veintiún puntos con el panista Eduardo Rivera.

Nota Bene: es mala idea confrontar a un gobernador como Alejandro Armenta, quien, además, tiene una espléndida relación con la presidenta Claudia Sheinbaum.

Hay que regresar al librito de la política que aconseja que otra pésima idea es desafiarlo con señales torcidas: como los célebres renglones torcidos de Dios.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *